El Socialista 355 - Marzo 2010

La huelga de Cananea de 1906:
una historia de lucha contra el gran capital

Francisco Guerra Santiago

 “Los mineros tienen patria donde morirse de hambre y libertad para morirse a cientos de metros de profundidad en las entrañas de la tierra, bajo toneladas de roca o a lo largo del tiro, dejando partes de su cuerpo embarradas en los marcos y guías. Libertad de morirse de silicosis y tuberculosis, amarillentos y momificados después de haber dejado su niñez y juventud untadas en forma de sudor y sangre sobre el mango de la pala y la barreta”. (Rodolfo Benavides, El Doble Nueve, Editores Unidos Mexicanos, 1967).

La histórica huelga de Cananea, iniciada el 1° de junio de 1906, cuando más de 2 mil trabajadores demandaron un salario equitativo con el de los mineros norteamericanos, que también laboraban en la Cananea Consolidated Copper Company" (CCCC), jornadas de trabajo más justas, así como la exigencia de incrementar a cinco pesos el salario mínimo.

Una vez iniciada la huelga, la masa de trabajadores se propuso realizar una manifestación, que al pasar a un costado de la maderería de la compañía se oyeron las descargas de los fusiles, los trabajadores yanquis dispararon contra los huelguistas, muriendo dos mineros y varios heridos. Ante esto el propietario, William Greene, viendo la resolución de los trabajadores acudió a su Consulado, el cual pidió apoyo al gobierno de Arizona, para que enviara un pelotón de rangers a controlar la situación. El 2 de junio entraron armados a territorio mexicano para resguardar las instalaciones de la minera, además de  perseguir y asesinar con el apoyo de la policía rural porfirista, a todo huelguista que opusiera resistencia. Cuando amaneció el 3 de junio se declaró el toque de queda y el movimiento quedó controlado, los líderes fueron aprehendidos y enviados a la prisión de San Juan de Ulúa. El parte de guerra rendido señalaba 23 muertos y 22 heridos, más de 50 personas detenidas y cientos que huyeron por temor.

Han pasado 104 años de la huelga de Cananea, la lucha fue para conseguir mejores condiciones de trabajo; podemos decir sin contradecirnos que este tiempo transcurrido no ha traído cambios verdaderos en la actividad laboral, es más, podemos aseverar que las demandas enarboladas en 1906 son prácticamente las mismas que las que levantan hoy los obreros de la industria minera.

Es en 1990, cuando el Grupo México adquiere la concesión de la mina de Cananea, catalogada como la tercera más grande del mundo en depósitos de cobre. Empleaba a mil 800 trabajadores sindicalizados, mil administrativos y mil 200 contratistas. Su propietario Germán Larrea y su grupo concentran 95 por ciento de la explotación y comercialización de cobre en el país. Esta mina fue premiada en el 2006, por la Cámara Minera como la más segura del país, por tener el índice de accidentes más bajo de México. Pero mientras ellos hacen cuentas alegres, los trabajadores sufren la silicosis y el envenenamiento por humo que son los elementos que contribuyen a hacer de la vida laboral de un minero un tormento, es decir, el terrible “amargo salario”, que es el dolor y la angustia que se gana trabajando en las minas.

Por eso fue correcta la decisión tomada el 30 de Julio de 2007, por los agremiados del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, de colocar la bandera rojinegra en las minas. En la memoria estaba fresco el lamentable accidente ocurrido en la mina de Pasta de Conchos, Coahuila, también concesionada al Grupo México el 19 de febrero de 2006, en la cual murieron 65 mineros.

Pero las autoridades como fieles lame botas de los empresarios en ningún momento los obligaron a cumplir con la normatividad sobre seguridad ni mucho menos solucionar las precarias condiciones de trabajo de los mineros, por el contrario, convinieron con el Grupo México el desconocimiento del dirigente de ese gremio Napoleón Gómez Urrutia, con la finalidad de descabezar al sindicato para nombrar un comité que tuviera un dirigente a modo para que las cosas pudieran seguir siendo igual.
Pero el gobierno y Larrea deben recordar que aunque fue brutalmente aplastada, esa histórica huelga de 1906, marcó el inicio de la Revolución Mexicana.